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sherlok-holmes¿Qué pasará cuando el detective más famoso del mundo se retire? Quizá todos pensamos que él moriría en un caso, haciendo lo que ama. Pero el director Bill Condon tuvo una idea diferente y nos trae a un Sherlock Holmes (Ian McKellen) de 93 años que se ha retirado hace 30. Ahora vive aislado en su casa de campo con un ama de llaves (Laura Linney) y su pequeño hijo, Roger (Milo Parker). Pero a esa edad la mente de Sherlock ya no es la misma.

Es un mito que se destruye: a Sherlock Holmes también puede fallarle la mente por la edad. Y es por eso que busca desesperadamente algún elixir que lo corrija, desde la jalea real hasta el fresno espinoso japonés. Pero el único que logra ayudarlo a recuperar su agudeza es Roger, el pequeño hijo de su ama de llaves. Gracias a su curiosidad insaciable, Sherlock comenzará a escribir su propia versión de una de las historias de Watson, su último caso. En secreto busca recordar cuál fue el fracaso tan grande que lo llevó a retirarse.

McKellen, un actor clásico con miles de papeles sobre los hombros, se toma la responsabilidad de llevar adelante esta película con un doble desafío: interpretar a la misma persona a dos edades diferentes. No es sólo el maquillaje o la forma de moverse que diferencian al Sherlock de 60 y al de 90, sino que construye dos interpretaciones radicalmente diferentes. Sin embargo, sigue siendo el mismo en esencia. Su contrapunto, el pequeño Roger, hace un trabajo correcto pero no impresiona demasiado.

Con un diseño de producción de lo más inglés hasta la última taza, aprovecha los paisajes de la pedregosa y humeda costa para mostrarnos el aislamiento de Sherlock. Aunque el ritmo del guión comienza lento, siguiendo la forma típicamente europea; la tensión y la incretidumbre son crecientes. Mezcla dos líneas temporales en las que va develando de a poco cómo fueron realmente las cosas. La memoria y el olvido se mezclan y confunden, y en el fondo, la irremediable soledad que al final de su vida le pesa a su protagonista. Además, un hombre que ha dedicado su vida a la verdad comienza a revelar el valor que las mentiras pueden tener para él.

Una forma clásica para un detective clásico, que enfrenta problemas poco comunes. No hay un villano como tal, sino que el anciano se enfrenta a su propio deterioro y evalúa las decisiones de su vida. Aire original para un personaje del que nunca está todo dicho, y sin perder la esencia de los escritos de Conan Doyle. Por supuesto, lo mejor que tiene esta película es la conmovedora interpretación de Ian McKellen. Sin grandes emociones pero con un suspenso adecuado, resulta imperdible para los fans de Sherlock Holmes. Es una pena que no se estrene en casi ningún país de Latinoamérica.