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3605753-1936874063-31646No soy fan de DC. Nunca leí los comics de Superman ni de la Liga de la Justicia, y quiero que eso quede absolutamente claro, sino toda mi argumentación va a carecer de absoluto sentido. No vengo a chapear mi licenciatura o mis conocimientos cinéfilos ni mucho menos a hacer purismo de las páginas de las novelas gráficas. Nada de eso. Tengo la edad suficiente como para haber crecido viendo los dibujitos animados de la Liga de la Justicia. Me acuerdo del avión invisible de la Mujer Maravilla, y de lo lindo que se me hacía Aquaman con ese pelo rubio amarillo patito. El peor capítulo era sobre Aquaman, los otros miembros de la Liga tenían que hacerse chiquititos para meterse en su torrente sanguíneo y eliminar una enfermedad. Era horrible, estaban tan cerca de morirse que yo le pedía a mi mamá que lo viera conmigo porque me daba miedo.

Pero el mejor era Superman. Era buenísimo. En Superman no había defectos morales, era puro altruismo. Estoy de acuerdo con lo que Tarantino pondría en labios de David Carradine años después. Cuando se despierta a la mañana es Superman, y su disfraz son los anteojos y el traje de negocios que le hacen convertirse en Clark Kent. Es el contrario que los demás, de quien se levanta siendo Steve Rogers o Tony Stark y se pone el traje de Capitán América o Iron Man. Aunque soy fan de Marvel, Superman siempre tuvo un lugar especial en mi corazón. Superman es la chocolatada con galletitas, Superman es el bizcochuelo de mi abuela, o mi hermana tomando la mamadera a escondidas porque “ya era grande” y le daba vergüenza que la vieran. Superman es todo lo bueno. Superman no tenía defectos.

Y dirán que defectos tiene un montón, que hay proyectos súper oscuros en el universo de DC, y que no puedo basar mi percepción de Superman en la Liga de la Justicia y su álbum de figuritas. ¿Por qué no? Hay mucha gente (porque no todos somos geeks que leen comics) que basa su percepción de Superman en esto. Años más tarde, con mi primer sueldo (que por cierto era bastante miserable) tuve la brillante idea de comprarme un celular a pagar en dos años. Fue lo primero que me compré por mí misma en la vida, y como al karma le encanta la ironía, me lo robaron. Mi decepción no podía ser más grande. Pero no es el punto.

Esa misma semana asistí al panel de presentación de Kryptonita, una adaptación argentina de Superman sin decir realmente que era Superman. Nafta Súper era lo que podría haber sido el alter ego de nuestro héroe favorito. Cuando se levanta es Superman, y se disfraza de Clark Kent. Sólo que ahora iba a disfrazarse de cualquier hijo de vecino que viviera en Parque Patricios o en Ituzaingó. Superman podía ser cualquiera de entre los que estábamos allí. Superman venía a ser el héroe otra vez, a representar todo lo que era bueno, a contarme que no todos en este país son chorros, corruptos, narcos, o arrebatadores de celulares. Y cuando abre la boca, después de que pensara que mi decepción no podía ser más grande, ¡sorpresa! Sí. Superman era malo. Representaba todo lo malo de este país, a los secuestradores de nenitas, a los asesinos, a los corruptos, a los violadores, a los estafadores. En Superman no había virtudes.

Me tuve que ir. Después de descubrir que el director de la película tenía en su curriculum cosas tan superheróicas como “Socios por Accidente 2” y que sólo tenía presupuesto para aplicar el CGI en 20 tomas (cosa hilarante si pretendés hacer una película de Superman), me fui. No sabía si estaba enojada o triste o todo a la vez. Me senté en el auto y me puse a llorar. Dirán que es estúpido, llorar porque Superman era malo. Ya había proyectos de comics con Superman malo, ya sé, ya sé. De pronto Superman era una pelea en casa, como quedarse sin bicicleta, o que me obligaran a comer berenjena. Estaba tan enojada que sólo soporté tres minutos de la grabación del panel antes de borrar “accidentalmente” el archivo. ¿Esto nos quiere decir que Superman sólo era bueno por haber caído en Smallville y no en Casanova? ¿Somos tan malos como territorio que incluso arruinamos a un tipo que era el mejor héroe? ¿Somos tan irredimibles que incluso Superman es malvado cuando pone un pie en Argentina? ¿Somos entonces una sencilla manga de hijos de puta matándose entre ellos como en un tanque de tiburones?

Entonces dirán que más adelante en el libro la cosa cambia, que los dilemas morales son más profundos, que es una sátira, un homenaje, o que el libro le gustó a tu tía. No me importa. El daño ya está hecho, este país hizo que Superman fuera malo. Y se preguntarán, ¿leí el libro? No del todo. Lo intenté, juro que lo intenté, al menos para criticar con fundamento. Pero no pude, y me disculpo por eso. Creo que este es argumento suficiente. Pensar en un Superman que represente todo lo malo que hay en este país me da ganas de llorar, e incluso estoy conteniendo las lágrimas ahora mismo. Superman es para mí uno de esos pegamentos que aglutina la infancia, porque siempre está ahí en el fondo como un hilo de emoción que conecta recuerdos. No me molestaría si fuera Batman, Spiderman, Linterna Verde o Pantera Negra.

Y si cerrarme por completo a la idea de un Superman argentino y malvado me convierte en caprichosa, dogmática, o ignorante; entonces soy culpable y me bancaré la sarta de puteadas que seguramente están pensando. También sé que el argumento se basa 100% en la emoción y eso para muchos invalida todo el resto. Hace un tiempo atrás hubiera pensado “no sé mucho de esto, quizá debería cerrar la boca y escuchar”. Pero esta vez no. Voy a seguir manteniendo lo que pensaba con cinco años: Superman es y representa todo lo bueno. No hay otra manera para mí. Así que por favor, no se metan con Superman. Y como inevitable y lamentablemente eso ocurre, déjenme ser feliz fingiendo que este libro y esta película sencillamente no existen.