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Chappie

Lo nuevo del director sudafricano especialista en ciencia ficción llega a nuestras salas. Estamos hablando de Neil Blomkamp, quien ya nos trajo District 9 y Elysium. Vuelve a su tierra natal en esta narrativa de un futuro cercano. En este futuro, los sueños de Robocop son una realidad y la Policía ya cuenta con sus efectivos mecánicos, unos androides llamados Exploradores.

El creador de estos milagros sociales que han reducido considerablemente la tasa de crímenes en Sudáfrica es Deon Wilson (Dev Patel). El favorito de su jefa Michelle Bradley, interpretada por Sigowney Weaver, también se ha creado un enemigo dentro de su lugar de trabajo: Vincent Moore. En la piel de Hugh Jackman, este ingeniero y ex soldado ha creado un robot muy distinto, el Alce, un gigante del tamaño de un tanque operado por un humano en forma inalámbrica.

Y es que Vincent tiene una objeción moral a la inteligencia artificial. Pero sus intentos por comercializar a su creación no llegan a buen puerto: nadie quiere ser operador cuando ya hay robots que se operan solos. Un Hugh Jackman desde un lado diferente a cómo lo hemos visto en típicos papeles, estará a la espera de que Deon cometa un error para hacerlo caer. Y por cierto Deon no es un santo, sino que en paralelo a su trabajo oficial, intenta desarrollar una inteligencia artificial completa. Rechazado por su jefa, decide intentarlo de todos modos e instalarlo en un androide que acababa de ser descartado. Y así nace Chappie (Sharlto Cople).

Este robot se desarrolla como un niño, y ha tenido la mala suerte de ser adoptado en una familia conflictiva. Una pandilla ha elegido a Deon como blanco de un secuestro, incluyendo a su creación. Los miembros del grupo de rap Die Antwood se interpretan a ellos mismos, trayendo su banda sonora y su estilo ciberpunk de vestuario y escenografía, además de una moral más que dudosa. El pequeño niño robot se verá atrapado entre personas de diferentes mundos y valores que intenten educarlo a una velocidad inusualmente rápida: lo que a un niño humano le toma años, a Chappie le tomará días.

Es imposible no encariñarse con este personaje tan carismático e inocente como es Chappie, al igual que los personajes se hacen más y más cercanos a el. Desde un tono de comedia, plantea temas existenciales que dejaran al espectador reflexionando: ¿Qué significa estar vivo? ¿Qué es la conciencia? ¿Puede está trasladarse a otro cuerpo y vivir para siempre? Y por otro lado, ¿Puede la inteligencia humana ser aún más perjudicial que la inteligencia artificial?

Aunque contiene un tema susceptible de crítica social, si hablamos de robots policías como fuerza represiva, el director prefiere dejar de lado ese debate. Donde sí se mete es a debatir sobre los pros y contras de la inteligencia artificial, desde una perspectiva 100% a favor.

Punto a favor para la estética, la escenografía, el vestuario y la musicalizacion. No es el típico estilo blanco, azul, y estéril al que nos remite la típica ciencia ficción. Es suciedad, transpiración, crímenes  y malas palabras. Con momentos emotivos, aborda el tema de los peligros de la inteligencia artificial desde una perspectiva diferente a la que acostumbramos. Además, no deja de lado los momentos de acción.

Un punto para criticar es el poco tiempo que tienen en pantalla los personajes de Hugh Jackman y Sigowney Weaver. En especial está última, a pesar del potencial interpretativo  la actriz, queda en un personaje chato que lejos de reflejar debates internos, sólo está para decirles “no” a los demás. En menor medida pasa lo mismo con el personaje de Jackman, un hombre que parece ser sólo motivado por el instinto y el enojo más que por una verdadera objeción moral y científica.

De todos modos, la película muestra un equilibrio entre la acción y comedia más pochocleros con preguntas profundas que puedan dejar una reflexión al espectador. Y ese equilibrio es muy dificil de lograr, y el gran mérito de esta película.