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Will Smith es Nicky, un experimentado estafador que lidera un grupo de ladrones de guante blanco de alto nivel. Conoce a Jess (Margot Robbie), una mujer que intenta ser criminal aunque no con mucho éxito, por lo que acaba adoptándola como una pasante en su humilde organización. Con una vuelta de tuerca a las típicas películas de este género, seguiremos los pasos de Nicky y su banda alrededor del mundo, desde Nueva Orleans y hasta nuestro Buenos Aires querido.

Lo novedoso es que los caminos de estos dos no siempre van juntos. No es una típica historia de maestro y alumno, y aunque parecen haberse tomado mucho cariño, Nicky despide a Jess cuando terminan el negocio con éxito. Esto la deja bastante resentida y con una buena lección también para el espectador: no le creas nada a Nicky. Así que estaremos toda la película preguntándonos cuánto de lo que dice es así, para acabar descubriendo la verdad de la milanesa en un final que nos deja boquiabiertos.

Cuando maestro y alumna toman caminos separados, vuelven a encontrarse en nuestro país para trabajar con Garriga (Rodrigo Santoro), el dueño de un equipo de Fórmula 1 hermosamente ambientado en el Autódromo de La Plata, que parece haber encontrado una muy codiciada fórmula para mejorar la performance de sus autos. Y ¡sorpresa! Jess resulta ser su novia. Ahora que ella aprendió a mentir y a estafar tan bien como Nicky, será una relación de tire y afloje en la que no sabemos quién tiene las de ganar y quién será el estafado o asesinado. Sin olvidar por supuesto que Garriga no es ningún ingenuo, y tiene pegado a su suspicaz guardaespaldas en todo momento, Owens (Gerald McRaney).

Párrafo aparte para las locaciones, que tienen la difícil tarea de mostrar nuestro país al mundo en pocos planos. Vemos mucho de San Telmo, el mercado de Defensa, la Avenida Alvear, Caminito, el microcentro, Recoleta, y varios hoteles cinco estrellas. Es un acierto que se haya mostrado la ciudad como es, sin afearla ni embellecerla en exceso, y convirtiéndola en una protagonista visual de la película. El único (y horrible) error de todo esto es haber convertido el Hospital Neuropsiquiátrico Moyano en un hospital normal, sin siquiera molestarse en sacar el cartel del plano. Además, se realizaron casting locales para cubrir roles secundarios. Por eso vemos, por ejemplo, un genial cameo de Juan Minujín como el barman en la fiesta de Garrida.

Los giros del guión y la dirección de fotografía se llevan todo lo mejor de esta película para despegarla de otras del género de gangsters o ladrones de guante blanco. Las interpretaciones son correctas, los personajes nos resultan divertidos y misteriosos en igual medida, sin descuidar la elegancia que caracteriza a esta banda de ladrones. Los directores Glenn Ficarra y John Requa, que vuelven a trabajar juntos, han sabido darle un ritmo rápido y variado como ya lo habían hecho en “Loco, estúpido, amor“, aunque no llega a ser confuso. Mantiene el misterio necesario para darnos intriga y sorprendernos al final.

Se trata de un blockbuster pochoclero, que tiene más de intriga que de acción, la dosis justa de romance sin resultar excesiva, y un ritmo veloz pero aun así relajado. Plus, es interesante ver una relación interracial en el cine, lo cual no ocurre tan seguido; de una forma muy desprejuiciada y natural. Divertida, inteligente e intrigante, para un buen rato relajado.