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Llega a nuestras salas una película de lo más inusual: una producción realizada durante doce años. El director Richard Linklater comenzó en 2002 con la idea de seguir el viaje de la niñez y adolescencia de una persona. Para eso buscó al pequeño actor Ellar Coltrane, que entonces tenía seis años, y un grupo de actores con los que filmó un par de semanas al año hasta terminar en 2013. Sin embargo sólo fueron en total treinta y nueve días de rodaje.

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El director de “Antes del Amanecer” y sus dos secuelas sigue la vida de Mason en su propia ciudad natal, Houston, Texas. Todo empieza cuando los padres del niño se divorcian y acaban mudándose. Estos son interpretados por Ethan Hawke, que ya había trabajado con el director en su famosa saga, y Patricia Arquette. Con todo esto, el guión es atípico porque lleva al extremo la idea anti climática por excelencia:la vida sigue.

No es que la película carezca de los típicos actos de introducción, nudo y desenlace a los que Hollywood nos tiene acostumbrados, sino que estos se desarrollan dentro de distintos episodios. Veremos entonces varias mudanzas, matrimonios y separaciones, el inicio del secundario, la primera novia, el primer corazón roto. Todo parece tan terrible en el momento, pero luego nos damos cuenta de que la vida sigue. Uno lo supera y ya. Aunque pases, por ejemplo, por una ruptura más adelante vas a conocer a otra persona. La vida misma.

Podemos pensar que esta seguidilla de anti clímax después de cada episodio atenta contra el grado de atención que le ponemos, pero ocurre lo contrario. Después de un rato incluso nos consuela saber que pronto lo superarán y listo. Admito, sin embargo, que mi acostumbrada percepción adoctrinada por Hollywood esperaba la tragedia tarde o temprano. Pero no, realmente nada es trágico, y no hay nada que no tenga una solución con el tiempo.

Es una historia puramente reflexiva, es imposible no sentirse identificado con la vida de Mason porque todos hemos estado en situaciones similares en algún momento u otro. Nos hace preguntarnos cuáles serían los episodios de la película de nuestra vida. De todos modos el hecho de resumir prácticamente una vida entera en casi dos horas y media es un poco espeluznante. Quiero decir en el sentido de que es fascinante al mismo tiempo que da un pelín de incomodidad.

Incluso podemos sentirnos identificados con la música, porque esta sigue el recorrido de los años. Está presente el gran top tres de cada año, e incluso nos lleva a recordar en qué episodio de nuestra vida escuchábamos esa canción. El final vuelve a la idea de que la vida sigue, y aunque es abierto podemos entender cómo sigue la cosa. Mi principal problema con esta película es que quiero saber más, quiero seguir viendo cómo sigue la vida. ¿Qué pasa con Mason? ¿Se casa y tiene hijos? ¿Tiene éxito en su carrera? Y mil preguntas más.

Usualmente cuando veo una película y escribo sobre ella pongo en la balanza. Cosas buenas, cosas malas, cosas a mejorar o el desastre total. Pero aquí no encuentro nada para mejorar. Nos hace reflexionar, nos identifica, nos conmueve y nos da esperanza, y nos engancha al punto de querer quedarnos viendo cincuenta años más de la vida de este muchacho. Es sublime, es perfecta y hermosa.De verdad, háganse un favor y vean esta película.