A pesar de lo que podría parecer para el público que sólo vio el tráiler y los afiches, relatos salvajes no es un largometraje. Tampoco es, como reza su clasificación, una comedia dramática. En vez de eso es una galería de cortos que nada tienen que ver uno con otro, salvo un tema común: la naturaleza humana. Fuera de eso, es un drama con una dosis de humor negro que alivia un poco.
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¿Qué es lo que tiene para aliviar? El mensaje, que radica en que la naturaleza del hombre es intrínsecamente mala. Afirma que sin importar edad, sexo, procedencia, o economía; todas las personas son malas al final, sin importar si conducen un Audi RS o un Peugeot 504 destartalado como ocurre en el corto El más fuerte. Los seis relatos salvajes tienen un elemento común, una especie de rayito de esperanza para redimir a la especie humana.

Entonces pasan cosas como que el muerto se lo merecía, o se congela el cuadro un segundo antes del desenlace fatal. Se salva el niño inocente, o el empleado frustrado les da una lección a los corruptos pero sin matar a nadie. Se reconcilian los novios porque el amor es más fuerte. No sería justo decir que estas no son situaciones forzadas, porque de hecho lo son, no se sienten orgánicas con el guión.

Varias críticas dijeron que esto coloca al director Damián Szifron como un arrepentido, que establece que la especie humana es una mierda para luego cambiar de caballo a mitad de carrera y establecer que no, que en realidad hay bondad y esperanza. La crítica probablemente radique en que no cierra del todo la idea del humano intrínsecamente malo. Pero me parece bien, no creo que sea un error sino una llamada de atención como “¡Eh, que no todo es tan malo!”

Hablemos del plato fuerte: las actuaciones. Sólo un director como Szifron o sus congéneres de la época como Campanella o Puenzo podrían costearse hacer seis cortos y poner una figura en cada uno. Rita Cortese, Ricardo Darin, Leonardo Sbaraglia, Erica Rivas y Oscar Martínez, impecables. Actuaciones aceitadas y con un nivel de perfección y pulido casi incómodo. Porque se llama Relatos Salvajes, así que como le decían al Cisne Blanco, debería soltarse y dejar tanta disciplina estricta para brillar como Cisne Negro.

También tuvo grandes críticas por ser acusada de hacer política. No estoy de acuerdo, creo que retrata una época. Nombra al pasar la inseguridad, pero no es tema central. Pero la corrupción, sí que lo es. Algunos han dicho que es una película funcional al Gobierno porque muestra cómo el sistema funciona. Otros dicen que en realidad es lo contrario, porque muestra lo podrido y perverso del sistema. No lo creo, retrata una época. Quien dijera que no es así, y que no hay corrupción en la Argentina, evidentemente no ha estado prestando atención.

Era muy difícil, sin embargo, que la película llegara a la altura de las expectativas después de la campaña que ponía a esta como la próxima El Resplandor, aún más cuando se trata de un film producido por Pedro Almodóvar. Funciona, no está mal, pero tampoco es Los Simuladores, previa producción del director que tiene una cuota mucho más alta de genialidad. No es Nueve Reinas, ni El Secreto de sus Ojos tampoco, y quienes ven a Relatos Salvajes para el Oscar 2015 no deberían ilusionarse demasiado. En el mejor de los casos nos llevaríamos una grata sorpresa.

Si tuviera que ponerle un puntaje sería un 7, aunque el problema haya sido cuánto se infló está historia en el relato -salvaje- mediático. Con todo, la recomendaría, pero no esperen una gran genialidad sino una película promedio a lo que estamos acostumbrados. Aunque eso signifique que está sin duda dentro de los pesos pesados del cine argentino de la última década.

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Erica Rivas es la novia, hasta que la muerte los separe.

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Ricardo Darin en un día de furia con final ¿feliz? Ponele.

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Rita Cortese, parece salida del elenco de Orange is the New Black.

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Leonardo Sbaraglia es el más fuerte, aunque no sepa muy bien cómo cambiar una rueda.