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Dawn of the Planet of the Apes es la segunda parte de la secuela de la conocida historia clásica de El Planeta de los Simios que fue realizada ya más de una vez en Hollywood, siendo la versión de Tim Burton de 2001 la más reciente. Vimos entonces la famosa escena del astronauta descubriendo la estatua de la libertad y deduciendo horrorizado que el planeta de los Simios es nuestro planeta en el futuro. En Rise y Dawn nos enteramos cómo es que se llegó a ese futuro de pesadilla.

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Pues bien, en Dawn, de Matt Reeves cerramos por lo pronto el lazo entre la original y las precuelas. Estrenada el mes pasado, tuvo una gran aceptación del público y la crítica ubicándose sin problemas en el top tres de taquilla en la mayoría de los países. Retoma la historia que comenzamos  a ver en Rise, pero lamentablemente ya no encontramos al personaje de Will interpretado por James Franco. Pero está Gary Oldman así que bien.

Han pasado diez años desde que el retrovirus que podría ser la cura para el Alzheimer se descontrolara y dejara a la humanidad al borde de la extinción. César, interpretado por Andy Serkis con el sistema de captura de movimiento, es el simio que lidera a toda su organización. Este mismo fue el primer simio inteligente, que había sido criado amorosamente por el científico que desarrolló el virus, Will. César en consecuencia conoce humanos buenos, pero cree que los simios son mejores que ellos. Su segundo al mando es Koba, un mono que pasó su vida preso en un laboratorio y jamás conoció un sólo humano amable. Por eso los odia.

Los simios viven una existencia pacífica en su organización en los bosques, lejos de las ruinas de las antiguas ciudades bajo la regla de que ningún simio mata a otro. Creen que los humanos se han extinguido. Eso creen hasta que encuentran un pequeño grupo en su área que trata de atravesarla para llegar a una estación hidroeléctrica abandonada y tratar de hacerla funcionar para llevar electricidad a su colonia. César establece una tregua con ellos para evitar que haya ataques y bajas en su bando, aunque no lo hace de muy buena gana y el ambiente es tenso. Sin embargo, poco a poco van ganando en confianza y colaborando. Pero Koba, el segundo al mando, no está nada complacido con eso.

Es indiscutible que la estrella de la película es César. Los protagonistas humanos son algo estereotipados y olvidables. Malcolm, el líder del grupo humano, recuerda demasiado a Rick Grimes de The Walking Dead. Sólo le falta la placa de sheriff, si es igual. Pienso que es demasiado bueno. Como si la bondad fuera su única cualidad; al igual que Craster, un personaje de apoyo que sólo sirve para hacer idioteces cuando no le conviene a nadie. Dreyfus, el personaje de Gary Oldman, no tiene mucho tiempo en pantalla para lucirse, una pena.

Pero estos personajes más bien chatos se ven compensados por la profundidad de los simios en pantalla. Es algo escalofriante. El César de Andy Serkis se luce en verdad, porque crea una especie de doble moral. No es tan bueno, no es tan malo, pero podemos entender por qué hace las cosas que hace. Incluso siendo un mono puede generar esa idea de que nosotros como espectadores haríamos lo mismo. Tiene una familia, un hijo adolescente al que trata de hacerle entender las cosas como todo padre. Tiene una esposa y un bebito recién nacido que es lo más tierno.

Toda la trama reverbera en un mensaje de autocrítica para la humanidad. Es Dreyfus el que acaba sentenciado que son animales y nada más, pero César demuestra algo diferente. En tal caso, todos somos animales. Puede además mostrar su habilidad como líder y estratega que supera ampliamente la capacidad del casi-sheriff Malcolm. Finalmente no tiene más opción que confiar en individuos más inteligentes que él aunque eso incluya que este sea un simio. Eso sigue siendo escalofriante.

Quizá se le dio mayor importancia a los simios como personajes descuidando el lado humano. Sería bueno que hubiera grandes personajes de ambos lados para hacer una gran película. Pero queda en un buen promedio con su lado excelente y su parte decepcionante. Aunque el guión es algo lento por momentos, tiene los clímax donde debe tenerlos. Las batallas se ven creíbles, y hacen bien en mostrar lo peor de las personas y cómo pueden reaccionar ante situaciones donde la supervivencia está en riesgo. Pero no toda la humanidad está perdida, también vemos actos de atruismo.

En definitiva la película está muy bien pero le falta un poco a los personajes del lado humano. Tienen la misma profundidad que un charco y no conmueven como sí lo hacen los simios, en especial César. Pero vemos más tiempo en pantalla simios que humanos así que punto a favor. Deja la puerta abierta a una tercera película, sobre la guerra final entre simios y humanos. Aunque francamente así cierra bien y no creo que sea necesaria una tercera parte. El tiempo dirá si los realizadores deciden si hace falta o no.