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Her, de Spike Jonze, es una de las favoritas para el Oscar de este año; pero atípica en cuanto a las demás películas que hemos visto. Desde el guión, la actuación, e incluso el armado de los planos y la dirección de fotografía, es distinta. Aunque nos lleva al futuro, los escenarios y la ropa nos recuerdan a un pasado ochentoso; un futuro donde no hay efectos especiales ni grandes naves intergalácticas, sino una revolución en la forma de emotividad del hombre.

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Con el protagonismo de Joaquin Phonenix casi exclusivo, se carga sobre sus hombros un desafío actoral que podría haber arruinado toda la película. El actor interpreta a Theodore, un tipo común. En esto radica la diferencia con la mayor parte de los intérpretes de esta temporada de premios, donde en general son personajes que se enfrentan a difíciles pruebas. Theodore es un hombre solitario que se siente dolido después de su divorcio, que se molesta cuando ve parejas felices pero no busca un compromiso porque aun no ha superado a su ex esposa. En una situación donde cualquiera de nosotros podría verse reflejado, nuestro protagonista llega a una solución magnífica: sale con un sistema operativo.

Para salvar la ridiculez que puede parecer esta afirmación, cabe explicar a qué hacemos referencia. Se trata de una inteligencia artificial que está diseñada para conocer todas y cada una de las necesidades de su dueño. Sin embargo, mientras interactúan, va evolucionando y adaptándose. Theodore utiliza un auricular muy al estilo Farenheit 451, pero que además incluye una pequeña cámara que hace de ojos de Samantha, como el sistema operativo se ha nombrado a sí misma; cuya voz es interpretada por Scarlett Johanson. El inconveniente comienza cuando ella parece comenzar a desarrollar emociones, como el amor, los celos, la inseguridad, e incluso la excitación sexual. Si en un principio parece que cuenta con los beneficios de una relación real pero sin los desafíos, es un error. Samantha se comporta como cualquier ser humano con sus emociones, pero con el detalle de ser sólo una voz sin cuerpo.

En este futuro las relaciones con sistemas operativos no son lo más normal, pero son completamente aceptadas conforme pasa el tiempo; y Theodore deja de ocultarlo para mostrarse orgulloso de eso. Incluso el personaje de Amy (una irreconocible Amy Adams), una vecina de él que acaba de pasar por una ruptura, imita a Theodore y adopta a un sistema operativo de mejor amiga. Las preguntas filosóficas no tardan en aparecer ante el espectador, ¿qué es lo real? ¿La inteligencia artificial realmente ha logrado sentimientos, o es sólo parte de su programación? ¿Esto invalida en modo alguno el amor que Theodore siente por Samantha? Quizá son asuntos que queden sin respuesta, pero en el camino de averiguarlo, el público se encuentra con sus propias emociones.

Al final, el trabajo del director y escritor, Spike Jonze, ha sido una introspección. El público se ve obligado a reflexionar sobre su propia situación, y es algo duro. Me recordó a algunas novelas del estilo de Demian o Siddhartha, de Hermann Hesse; que remiten al autoconocimiento. Esto no hubiera sido posible sin la sublime interpretación del protagonista, que se ha encargado de hacerlo real y natural, y de hacernos creer que Samantha es efectivamente real. Si el protagonista no hubiera funcionado, nada lo hubiera hecho; por lo que ha sido una acertadísima elección de casting. Pero además, no olvidemos que Spike Jonze confesó que la película es su visión sobre el fracaso de su matrimonio con Sofía Coppola, por lo que la introspección es real y eso lo hace incluso más crudo.

Lo hermoso de esta idea es la audacia del nuevo concepto, enamorarse de una voz, real o no, prescindiendo del cuerpo. Sólo la mente, sin el físico. Conforme las relaciones con sistemas operativos se aceptan más, podemos ver a las personas por la calle hablando aparentemente solas a los auriculares de sus sistemas operativos. Es una notoria alienación, porque cada vez menos hablan realmente con seres humanos reales, pero no parece molestarles. Quizá sea una apología al futuro de las redes sociales, y a la incomunicación que pueden generar los nuevos medios.

En este mundo, todo pasa por la tecnología; y especialmente Theodore prácticamente ha perdido la capacidad de hacer las cosas “a la antigua”. Un punto de inflexión es cuando Samantha desea poseer un cuerpo. Como en toda relación, ambos aprenden sobre ellos mismos y sobre el otro, por lo que ese deseo se torna una consecuencia lógica al estar con alguien que sí tiene presencia física. Pero hablamos de los deseos de una inteligencia artificial, y los creemos sin duda alguna; así que en el fondo es una locura que funciona, y es absolutamente creíble.

Her está nominada a cinco Oscars, incluyendo Mejor Película y Mejor Guión para Spike Jonze; pero sorprendentemente no encontramos a Joaquín Phoenix para Mejor Actor, y nada para la dirección. De todos modos, muchas buenas películas quedan sin reconocimiento, para gran indignación de muchos críticos. Así que vamos a decirlo, esta es una gran película. Aunque premios menores no le han faltado, habiendo ganado un total de 41. Es una película emotiva que oscila entre divertida y triste, que tiene éxito en crear un personaje que escuchamos pero nunca vemos. Obliga al público a pensar, a reflexionar y a desafiarse sin ser pesada. La música es un acompañamiento perfecto al clima emotivo, y los giros del final nos dan más de una sorpresa. Por sobre todo, la sutil crítica social a hacernos amigos de nuestros aparatos y estar fundamentalmente solos en medio de la multitud. Una obra entretenida, inteligente, y muy bella.