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Después de dos años de penosa espera, Sherlock volvió a la vida, y no podemos estar más felices. Igual que en la obra de Conan Doyle, cuando la idea de Sir Arthur era matar al personaje de una vez junto con Moriarty en las cataratas del Reichenbach; al volver de la muerte se encuentra con un panorama muy distinto. John Watson a punto de casarse y recibiéndolo con menos entusiasmo del que él hubiera querido, la inclusión de Mary Morstan, la nueva madurez de Molly Hooper y la siempre adorable pedantería de Mycroft Holmes hicieron de este debut de temporada una verdadera delicia. Si no lo vieron, no lean la nota. Están advertidos.

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Empezamos con las locas teorías de Anderson, que son un guiño probable a las locas teorías que vimos a lo largo y a lo ancho de la web durante estos dos años. La participación de Mycroft y de la red de vagabundos era innegable, pero las posibilidades fueron infinitas. Vemos a un muy desmejorado Anderson carcomido por la culpa de que sus acciones llevaron a Sherlock a suicidarse y queriendo desmentirse a sí mismo. Con su nueva melena sin peinar que me recuerda a Jaime Lannister en su peor momento, funda un club de fans llamado The Empty Hearse para debatir locas teorías. Escalofriantemente cerca de la realidad del fandom.

Sherlock no pudo haber elegido peor momento para revelarse ante John, cuando estaba a punto de proponerle matrimonio a Mary Morstan. Su reacción fue todo menos previsible, cuando nos hubiéramos esperado un abrazo y no una ida y vuelta de golpes de puño. Quizá eso lo hubiera esperado de Lestrade, pero en vez de eso, es él quien lo abraza. Todos los personajes han madurado, en especial John y Sherlock. Lo mismo ocurre con Molly, que decidió seguir adelante y buscarse otro novio en vez de seguir intentando con Sherlock. Un novio que se ve prácticamente igual a él, pero aun así, bien por ella.

La inclusión de Mary Morstan ha sido perfecta. Lejos de interferir en la química entre John y Sherlock, funcionó como un motor. Tiene un poco de la irreverencia del Holmes, pero la ternura y el buen corazón de Watson. Se complementa perfectamente entre ambos. Puede estar sola con cualquiera de ellos, pueden estar los tres juntos, pueden estar solos los dos. Debo admitir que tenía mis dudas, pero es perfecta y no pudo haber llegado en mejor momento. Si no fuera por ella alentando el acercamiento de ambos, sabiendo recurrir a Sherlock cuando John estaba en peligro; probablemente John hubiera sido demasiado orgulloso por sí mismo para volver a hablar con su amigo y socio. Ese es el mérito de Mary, y se lo agradecemos infinitamente.

Sin embargo, lo más relevante ha sido la evolución del personaje de Sherlock Holmes. Lo vimos de forma sutil desde el Study in Pink de 2010, casi una máquina. De a poco muestra su afecto hacia los demás, hasta pegar el salto definitivo. Vemos a un Sherlock humano, que incluso le reprocha a Mycroft no haber hecho amigos de pequeños. Sigue valorando la soledad –sigue siendo él-, pero también valora y añora a sus amigos. En el 2010 nunca hubiéramos imaginado a un Sherlock preocupado por el enojo de los demás, pidiendo perdón, o incluso callándose sus comentarios muy inteligentes pero hirientes. Es el caso por ejemplo, cuando Molly presenta a su nuevo novio; y es tan diferente te todo lo que le dijo cuando conoció a Moriarty, o cuando le hizo un regalo en navidad. Hasta le agradeció sinceramente su ayuda, era cosa de no creer.

La evolución del personaje fue notoria, pero también tan natural; un gran trabajo del actor Benedict Cumberbatch. Molly y John también han evolucionado como personajes, pero quizá no es tan notorio como en el caso de Sherlock. De todos modos, fueron estos trabajos los que hicieron del episodio un recuerdo emotivo, pero sin perder la esencia de descarada insubordinación, rebeldía, y arrancarnos risas. Incluso vemos el lado bromista de Sherlock, eso hubiera sido inconcebible hace un tiempo. Vemos también a un Mycroft para tomar más en serio, haciendo de hecho algo de trabajo de campo. Levantándose de la silla en el Club Diógenes para variar, mostrando que también sabe ensuciarse las manos; para sorpresa de muchos.

El guión, como siempre, nos deja pistas desconcertantes hasta que en un momento todo se conecta de la forma que menos hubiéramos imaginado, dejándonos con la boca abierta. La adaptación fresca de una historia clásica como la de Guy Fawkes haciendo estallar el parlamento inglés, fue acertada. Quizá lo más sorprendente fue la idea de que el ataque terrorista no sería extranjero, sino doméstico. La inclusión de otro villano clásico detrás de esto fue una sorpresa. Aunque ha tenido una aparición fugaz, Lord Moran hizo un trabajo estupendo. Una pena para todas aquellas locas teorías que implicaban a Michael Fassbender en ese rol, pero no pierdan la esperanza para la próxima. En la última escena vemos a alguien en las sombras observando el secuestro de John por parte de desconocidos, ¿quiénes? ¿para qué? Bien, sabemos que el que observa es Charles Augustus Magnussen, interpretado por Lars Mikkelsen, pero no sabemos nada más.

Me saco el sombrero ante los actores y los guionistas. Las historias son complejas, modernas pero una buena adaptación de un clásico. Es inteligente, divertido, y tiene suspenso. Nunca se sabe qué puede pasar, la trama tiene tantos giros que es normal para nosotros esperar lo imposible. No se puede ignorar el excelente trabajo de los actores, cada uno desarrollando su personaje; y un guión obligándonos a pensar y repensar qué detalle nos perdimos. Nunca termina como tal, sino que usa el llamado cliffhanger. Nos muestra uno segundos de lo que nos espera en el siguiente capítulo, haciéndonos comer las uñas y ganándose más de un insulto. Crimen, misterio, drama, suspenso, comedia. Una obra maestra.