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Como en toda película histórica, donde no se tiene demasiado poder para cambiar el guión, lo que deben brillar con las actuaciones. Deberíamos conmovernos con ellas. Steven Spielberg eligió a Daniel Day-Lewis para que encarnara a Abraham Lincoln. Con un reparto de grandes ligas dividido en dos equipos fuertes, tenía todo para ganar. Pero el excesivo protagonismo de Lincoln en perjuicio de otros personajes geniales, la imposibilidad de conmover a nadie fuera de los Estados Unidos, y las pocas oportunidades que ha tenido el resto para brillar, me han dejado un gusto amargo.

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Lincoln es la historia de sus últimos meses de vida, aunque bien podría llamarse “La historia de la 13º enmienda”. Se trata de una votación hecha desde la médula de la corrupción, con sobornos, amenazas, y Lincoln jugando de hombre bueno mientras los demás se ensuciaban las manos. No encuentro mejor muestra de que el fin justifica los medios. Es indudable que la abolición de la esclavitud ha sido un fin honorable, pero se desmitifica a la figura de Lincoln. El Abraham de Daniel Day-Lewis no me conmueve, no me eriza la piel, no siento nada. Pasada la primera hora de película, comencé a adelantar sus incontables anécdotas, si oigo otra monótona parábola de la boca Lincoln creo que voy a gritar.

Los planos de Lincoln fueron para el desastre. En una época donde está probado por regla general que los planos de más de 4 segundos distraen al ojo humano, los planos de la cámara alejándose y acercándose de Lincoln, o viéndolo caminar por 20 o 30 segundos; casi me arrancan impulsos violentos. La actuación de Lewis es chata y monótona, aunque haya ganado el Oscar. Probablemente juegue más a favor el nacionalismo de la Academia, y desde fuera de Estados Unidos no podemos entenderlo

La familia de Lincoln tiene una historia muy particular, y es una pena que no haya sido explotada a fondo. La esposa volviéndose loca por la muerte del hijo, un portarretrato genial de Sally Field. Pero al Lincoln de Lewis no parece moverle ni un pelo cuando ve a su esposa en ese estado. Lo mismo ocurre con su hijo mayor, Bob; encarnado por Joseph Gordon-Levitt. Un gran trabajo del actor, pero no ha tenido oportunidad de nada. Sólo cinco minutos de protagonismo, un trabajo para ponerle la piel de gallina a cualquiera. Verlo llorando, asustado por las mutilaciones que acaba de presenciar, intentando convertirse en soldado para detener esa absurda carnicería. Desnuda su alma ante su padre, deja ver sus miedos; sólo en cinco minutos de metraje. Y una vez más él parece no sentirse afectado. Le grita sí, pero sus ojos no dicen nada, su expresión corporal es absolutamente plana. Si lo viéramos sin sonido, daría igual que estuviera leyendo la lista de las compras.

Lo mejor: los corruptos. Los dos equipos que no temen ensuciarse las manos, debates, corridas, sobornos, amenazas. Nada para a estos muchachos. Incluso los líderes de la oposición han hecho un trabajo magnífico, cuyos encarnizados discursos me han arrancado más de una carcajada en una película en la que no creí que fuera posible. Estos son los que brillan de verdad, una lástima que aun así tengan un papel secundario, pero no tan poco como la familia de Lincoln. Thaddeus Stevens es el caballito de batalla de Lincoln. Durante gran parte de la película me ha hecho preguntarme si no es en verdad un doble agente, interpretado por Tommy Lee Jones. Sus expresiones permanentes de “yo lo sé todo” le dan un toque de superioridad a su personaje, que me ha sorprendido realmente con el final de su historia. Ocurrente hasta el final, sin miedo de insultar en la Cámara de Representantes, y ejerciendo sus sobornos y amenazas desde el frente de su acomodado escritorio. Un personaje impecable, lo mejor que hemos visto de este actor en mucho tiempo. Estuvo nominado al Oscar por Actor de Reparto pero no lo consiguió, una pena.

Ya hemos visto a Stevens como el matón de escritorio de Lincoln, mientras que W. N. Bilbo, encarnado por James Spader, se convierte en el matón de campo. Es él quien persigue a quién sea a dónde sea, con dinero, con armas, no teme. Con unos cuantos kilos de más, un bigote ridículo, y el descarado desdén de un hombre cuyo único dios es el dinero. Sus persecuciones y ocurrencias disparatadas con tal de torcer la voluntad de los hombres en las votaciones han sido hilarantes e ingeniosas. En verdad se luce, y me molesta no haber visto un poco más de él.

Para el equipo de la oposición, tenemos a Fernando Wood y a George Pendleton. Mi primera noción es que no ha sido una película equilibrada, dando una enorme preferencia a la visión del equipo ganador, pero habría querido ver qué ocurre con ellos. Lee Pace interpreta a Wood, el típico hombre egocéntrico demasiado seguro de sí mismo, cuya mayor aflicción parecen ser los discursos histriónicos e insultar a Stevens. La química entre estos dos es fabulosa, se odian mucho y no temen expresarlo. Peter McRobbie interpreta a Pendelton, a quien probablemente recuerden por Law & Order. Es el peor de los viejos verdes asquerosos –como si Stevens no fuera un viejo asqueroso-, es indignante y extremadamente gracioso a la vez. Pero la fuerza del equipo es Wood, que igual que Stevens está hinchado en ínfulas de yo lo sé todo. Pero sus propios correligionarios lo traicionan, sobornados por Stevens. El orgullo herido de Wood puede verse en su expresión, igual que el descarado triunfo de Stevens. Esas actuaciones sí conmueven, y hubiera querido ver más de eso, y saber qué ocurría en el interior de la oposición.

Sí pienso que la película es demasiado larga, tiene un final demasiado abrupto. Al final del día me veo obligada a decir que la elección de Lewis para el papel de Lincoln fue desacertada. Cualquiera de los demás podría haberlo hecho mejor. Pero el problema aquí fue su actuación chata, esos planos larguísimos e historias interminables que hicieron que Abraham nos arrancara bostezos. Con un Lincoln distinto, la historia hubiera sido diferente. La actuación fue aceptable, pero no sobresaliente; y se hubiera necesitado una actuación sobresaliente cuando aparece en pantalla el 85% del tiempo. Para ser un producto de Spielberg, me ha parecido decepcionante en su conjunto. Quitando a Lincoln, todos los demás han sido excelentes, pero con un único protagónico, Lewis sencillamente hundió a todos con él.