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A principios del siglo XIX, cuando el periódico se hizo de masas, muchos quisieron decretar la muerte del libro. Lo mismo ocurrió con la llegada de la radio, que también se llevaría a los periódicos. Más adelante, se dijo que la televisión asesinaría a estos tres. Las posturas apocalípticas han acabo siempre erradas, y con la popularización del Internet, es una tesis demasiado repetida. El Internet matará al cine, al libro, a la televisión. Todo al alcance de una computadora. Ya ocurrió con la música grabada que el mercado cambió: hoy casi nadie compra un CD, sino que pueden pagar por descargarla. Con el surgimiento y la popularización del lector electrónico a bajo costo, ¿desaparecerán los libros tradicionales?

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El libro electrónico y el libro tradicional conllevan ventajas y desventajas. Ahora desde la comodidad de tu casa podrás acceder a un catálogo prácticamente infinito de libros, sin ediciones agotadas, más editoriales, más autores, a menor costo. Sólo se pagará el derecho intelectual, nada de materia prima. ¿Suena a la utopía de las editoriales? Pero por otro lado, ¿será un gran hervidero de piratería que acabará llevando a que nadie se moleste en pagar un libro? En ese caso, al contrario: menos autores, menos editoriales, menos libros. Hay quienes dicen que es algo bueno, porque se le da la oportunidad de publicar a autores que no podrían costearlo de otro modo. Ejemplo de esto es el auge de las webnovels. Pero hay quienes dicen que si prácticamente cualquiera puede publicar, se pierden los filtros de calidad que dan los editores.

Algunos estudios años atrás dijeron que la lectura en la pantalla es más lenta que la lectura en papel, pero luego la costumbre ha igualado la velocidad de lectura en ambos soportes. Por otro lado, se esgrimió la teoría de que la lectura digital fomenta un pensamiento más superficial que la lectura en papel. Este es un punto que no llego a comprender. Leer es leer. ¿El soporte influye en la atención que se tiene? Probablemente se refiera a la retroiluminación que tienen algunos lectores electrónicos como el iPad, que cansan la vista. Pero algunos otros utilizan la llamada “tinta electrónica”, que tiene en la vista el mismo efecto que un libro tradicional. Además, el libro electrónico puede anexar facilidades para usuarios con problemas de accesibilidad: agrandar la letra, cargar audiolibros, entre otras.

Se ha hablado también respecto a la sustentabilidad. El libro electrónico evita una cierta cantidad de tala de árboles para la fabricación de papel, pero por otro lado utiliza baterías de litio que si no son recicladas adecuadamente contaminan en una cantidad mucho mayor. Además, los más apocalípticos piensan que se perderán las librerías. Allí se perdería el contacto humano de recomendar un libro, y ni hablar de los puestos de trabajo.

Una de las áreas donde más encarnizado es el debate es en el costo. El ebook tiene un costo relativamente barato, y los libros digitales son mucho más baratos que los tradicionales. Lo cierto es que me he ahorrado mucho dinero, peso y espacio al utilizar los libros electrónicos. Pero el “bajo costo” es un arma de doble filo. Los usuarios necesitan contar con una computadora, una conexión al Internet, una tarjeta de crédito. El costo del lector electrónico puede ser alto si tenemos en cuenta todos esos costos adicionales. Teniendo en cuenta que gran parte de la población global aun no cuenta con una computadora en su casa, el libro electrónico será necesariamente un artículo de lujo. Entonces, ¿acerca o aleja a los usuarios a la lectura?

El debate va para largo. Quizá el debate más fuerte sea entre el sentimentalismo y la modernización. La mayoría de las personas no quieren ver morir el libro impreso, su tacto, su aroma, su lugarcito en la biblioteca. Pero no creo que eso ocurra, sino que se convertirá en un artículo aun más de lujo. Compraremos impresos sólo los libros que más nos interesen, el resto los tendremos guardados en nuestro lector. La historia nos ha enseñado que cuando surge un nuevo medio, los demás no desaparecen sino que se adaptan. En Latinoamérica al menos nos encontramos lejos de la digitalización de la industria editorial, pero es probable que en la próxima década estemos pegando ese salto. Actualmente la mayoría de los libros se publican en ambos formatos, o sólo en electrónico si el autor cuenta con menos presupuesto.

De cualquier modo, somos nosotros quienes debemos disfrutar de las letras en cualquiera de sus formas.

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