Etiquetas

, ,

Si son parte de la generación que descubrió la novela erótica con Cincuenta Sombras de Grey, entonces probablemente deberías ahondar más en el tema. Si las escenas de Christian Grey te han parecido subidas de tono, deberías conocer los históricos, como El Marqués de Sade, El Banquete de Alejandro, o La Virgen de las Pieles. Sin embargo, volviendo un poco a la modernidad, hoy venimos a reseñar Diario de una Sumisa, de Sophie Morgan.Diario de una sumisa

El primer lugar tenemos que decir que es una novela autobiográfica. Sophie es una periodista de rango medio, no es que sea alguien muy importante; pero es una persona normal de clase media, independiente, atractiva y divertida. Pero en la intimidad, es diferente. La historia comienza desde su época de universitaria, cuando en una casualidad cósmica, en un encuentro de una noche descubre el juego de la dominación y la sumisión. Se asusta, porque realmente le ha gustado el juego.

A partir de allí, sigue el camino de convertirse en una verdadera sumisa. Hace una cierta investigación antes de atreverse a probarlo, hasta que conoce a un amigo que acaba siendo su compañero de sesiones. Encara la relación con Thomas desde una perspectiva psicologista, de sus luchas internas, de su personalidad habitual con su personalidad en las sesiones. Hasta este punto no hay lugar para el amor, son sencillamente amigos, y a ninguno de los dos les conflictúa. A todo esto, Thomas cumple el rol que se conoce como maestro, y por cierto hace quedar a Christian Grey como el rey de los flojitos.

Pero todo cambia cuando Sophie conoce a James. Ella y Thomas abandonan sus aventuras sencillamente por complicaciones geográficas. Pero de James realmente se enamora, y nos muestra que el juego sadomasoquista no cambia la mecánica de la pareja real. Tienen sus altibajos, y no resulta tan idealista como en Cincuenta Sombras. Lo bueno es que es mucho más realista, especialmente en el tiempo de aprendizaje de Sophie en comparación al de Anastasia. Le ha tomado varios años y varias parejas aprender sobre sumisión, mientras parece que Ana tiene todo aprendido en dos semanas.

Refleja la cultura dominante y sumisa con mucha más descripción, eso hace que la lectura sea rápida a pesar de la ausencia de diálogos. Aunque en verdad tiene algunos pocos. Realmente nos hace “ver” las prácticas, desde lo descriptivo y desde lo psicológico. Quizá sea una especie de segunda parte de Cincuenta Sombras, que resulta básico, como una iniciación en la materia. Quizá el final es muy abrupto y abierto, como dejándonos con ganas de un mejor cierre. Pero en parte para subsanar este error es que ha publicado más tarde Confesiones de una sumisa; donde sigue contando su historia, pero con otro compañero de juego.