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Behind the Candelabra es una película biográfica que cuenta la historia de Liberace, un pianista genio del showbusiness que triunfó entre los años ’50 y ’70. El director es Steven Soderbergh, junto con el estudio del canal HBO y los protagonistas Michael Douglas y Matt Damon. Fue presentada en el festival de Cannes en 2013, siendo aclamada por la crítica y además ganó tres Emmys a Mejor Actor para Michael Douglas, Mejor Director y Mejor Miniserie o Película para TV. Y es que lamentablemente el presupuesto no fue suficiente para llevarla a la gran pantalla.

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Quizá estemos algo cansados de la típica fórmula de la película biográfica, pero esta tiene un giro: está narrada no por Liberace, sino por los ojos de su amante, Scott Thorson. Por otro lado, está basada en un libro que el verdadero Thorson escribió sobre esto. En los ’70 empezaba la obsesión por el cuerpo y las cirugías estéticas, que empezaban a desarrollarse; la homosexualidad era un secreto a voces para las celebridades y sin embargo ponían grandes esfuerzos por desmentirlo, y empezaban a conocerse los primeros casos de SIDA. Bajo estos temas transversales, la película cuenta la historia de la relación entre Liberace (Michael Douglas) y Scott (Matt Damon).

El verdadero secreto del showbusiness es el miedo a envejecer. Pienso que es por eso que Liberace siempre ha elegido amantes más jóvenes que él. De hecho a medida que avanza la película vamos notando que él quiere hacer de Scott una imagen más joven de sí mismo, moldearlo a imagen y semejanza. El personaje de Scott me parece infinitamente más interesante que el de Liberace. Vemos en él una transformación desde el amor más tierno, la admiración que siente por él, que se ha convertido casi en un padre siendo un adolescente; hasta las cirugías, el abuso de drogas, la dependencia simbiótica en una relación enfermiza y los celos que lo agobian.

Si me preguntan, el Emmy debió haber sido para Matt Damon, quien también estaba nominado. Respecto a Liberace, no es en verdad un tipo que muestre una transformación, pero esto reside en la creencia de que es lo mejor que puede ser y todos deberían imitarlo. No necesita cambiar, ni intencionalmente ni sin darse cuenta; y esa es una creencia arraigada en lo más profundo. Incluso podemos verlo en los planos. Cuando Li deja a Scott y lo cambia por Cary, un adolescente más joven, los planos son los mismos que cuando lo conoció. Scott ve a Li por primera vez, y vemos a Billy en el camerino -un supuesto discípulo de Li- muy enojado, fumando y bebiendo mientras observa a Scott con desprecio. Años después, veremos a Scott ocupando el mismo lugar de Billy, observando a Cary con desprecio. ¡Incluso su traje es igual!

Esto nos da una pauta. La historia se repite. Siempre un amante más joven, siempre moldearlo a imagen y semejanza. Es el hijo que nunca pudo tener pero siempre termina perdiendo. Estar con alguien mucho más joven lo hace sentir joven, eso lo afirma. Pero queda la duda de si Li ha llegado a amar a Scott como tanto se ha llenado la boca, o es sencillamente algo que le dice a todos sus amantes. Apoya la teoría de que en verdad lo amó el hecho de que es el único al que pide ver en su lecho de muerte, el único al que le dice que ha sido verdaderamente feliz a su lado. ¿La verdad o autocompasión de un moribundo? No lo sabemos, pero me gusta pensar que al menos una vez en su vida ha logrado amar.

Por cierto, Michael Douglas interpretando a un homosexual es perfecto. Es tan convincente que si lo hubiera conocido por esta película, nunca habría creído que se está divorciando de Catherine Zeta Jones, jamás. Y Matt Damon en su transformación desde el adolescente deslumbrado hasta el adicto atormentado de celos es tan perfecto, se me rompe el corazón junto con él. El trío de ellos dos con el director Steven Soderbergh es sencillamente un trabajo fenomenal.

Quizá el ritmo del libro sea algo lento al principio, pero si tenemos paciencia para penetrar en la complejidad de ese mundo con martillo y cincel, descubrimos una joya deslumbrante. Y los brillos y lentejuelas, las plumas, los autos, el lujo y la nostalgia; le dan ese ritmo visual que nos hace que todo llame la atención, un mundo donde la sencillez no existe. Lógico, si no existe en las personas, ¿por qué habría de hacerlo en el decorado?

Antes de Elvis, Madonna y Elton John; existió Liberace. La historia está perfectamente contada, con las actuaciones para aplaudir de pie; y encima de todo quitando prejuicios sobre la homosexualidad, la obsesión por el cuerpo, el SIDA, y demás temáticas de la época desde el realismo y el respeto. Altamente recomendable. Ahora que la he visto no me sorprende que Rotten Tomatoes le haya dado un 95%. Lo único que lamento es que no se haya estrenado en cines.