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Ceremony, de Max Winkler tiene todos los elementos para ser una comedia romántica bien pavota y pochoclera que veamos en un canal de aire un domingo a las tres de la tarde. El director, a quien quizá lo recuerden por algunos capítulos de New Girl y The New Normal, tiene su primer largometraje con este. Parece un cuento clásico al mejor estilo Disney. Zoe es la princesa que está a punto de casarse con el malvado Whit, y el valiente Sam llega para rescatarla de las manos de su captor y casarse con ella al final de la película. ¿Suena clásico verdad? Pero luego, todo cambia. “La historia de un chico que piensa que se ha convertido en hombre, pero se da cuenta que es sólo un chico” la define el director.

ceremony

Para que esto funcionara Zoe debería ser un personaje sin voluntad, un premio que hay que ganar. Whit debería ser un idiota que la engañó, y Sam un caballero de brillante armadura –de 1,60- que pelea una guerra con el millonario de casi dos metros y le gana. Marshall y Teddy serían personajes accesorios que servirían, la verdad sea dicha, para nada. Pero gracias a dios todo esto no ocurre. A primera vista, es lo que pinta, pero es una gran burla. Pero nos encontramos que los personajes tienen más profundidad psicológica de la que aparentan.

Ahora, a lo real. Zoe es una mujer que se siente insegura respecto a su casamiento. Se siente tentada y tiene un desliz, pero no pasa de eso. Whit parece un engreído que todo el tiempo dan ganas de golpearlo, pero en realidad lo hace porque es un tipo inseguro. Está verdaderamente enamorado de su prometida, una vez lo dejó y quiere hacer lo posible para mejorar y que eso no ocurra de nuevo. Sabe y acepta que en algún momento hubo algo entre Sam y Zoe, es probable que hasta sepa de su desliz días antes del casamiento. Sin embargo, no pelea la “guerra”. Lo ayuda, lo invita, le da un techo. Todo sencillamente porque es un buen tipo, porque la ama y fundamentalmente sabe muy bien que el chiquitín de 23 años no es una verdadera amenaza.

Sam es un chico. Quiere irrumpir en la boda de una mujer de treinta y tantos gritando “yo me opongo” y pretendiendo que ella deje a su muy enamorado esposo. Es infantil. Sólo se habían visto una vez antes, fue algo de una noche cuando ellos estuvieron separados. Pero Sam se enamora de una idea. No la conoce realmente, es decir, ¿cómo puede conocerla después de haberla visto una vez? La idealiza, sencillamente porque se siente solo. Eso es más realista, y me ha sorprendido porque es la primera vez que veo esta idea en una película; pero en la vida, la vi más veces de las que puedo recordar. Todo el mundo en algún punto idealiza a alguien y se las da contra la pared, le pasó a todos, ¿o no? Y francamente me sorprende que no se haya explotado demasiado esta idea antes.

Respecto a Marshall y a Teddy. Son los personajes típicos de este tipo de guión. Marshall parece débil al principio, traumado por un asalto violento y encerrado en la casa de sus padres, se acerca a Sam para recuperar un poco de vida social. Sam cree que la tiene super clara y se aprovecha de él. Para que esto funcionara, Marshall debería ser un títere. Pero no lo es y se harta de Sam. Creo que el momento en que nos damos cuenta de su verdadero carácter es cuando pasa a su lado con el auto y no se detiene. En un clásico de Disney, se detendría con los brazos abiertos y todo perdonado. Por otro lado, finalmente supera su trauma e invita a salir a la chica que le gusta. Le dice que no, pero no es la muerte de nadie. Realismo, otra vez. El momento de Marshall es salvar la vida de Teddy, y ahí nos damos cuenta que él es el verdadero fuerte, no Sam.

Teddy cumple el papel del borracho filósofo. Es el hermano de Zoe, se siente muy protectora con él, pero ella simplemente parece ignorar su alcoholismo. Oh, la negación, pasa en las mejores familias. Y esto se ve en el hecho de que no deja de hacer estupidez tras otra y nadie lo reprende. La única escena de la película en la que no tiene una botella en la mano es cuando se está ahogando. En el clásico, tendría que ser Sam el héroe que lo salve y se gane así los favores de la bella y alta Zoe. Pero no. Lo salva Marshall, y luego Whit lo reanima y consuela a su shockeada esposa. Pero como Teddy es víctima de la negación de todos, a nadie le importa y sigue bebiendo como siempre.

El guión es de progresión acumulativa. Intentaré explicarlo. En una estructura clásica hay tres o cinco actos, que todos conocemos de la primaria: introducción, desarrollo, clímax, desenlace, epílogo; con dos puntos de giro, uno al principio del desarrollo y otro al final de él para introducir el clímax. En este tipo de guiones, nada de esto pasa. No hay puntos de giro, no hay grandes sorpresas. Son esos guiones en los que cuando ocurre algo, la vida sigue. Zoe se tienta pero no pasa de eso. Teddy está a punto de ahogarse pero nadie parece preocuparse. Sam es rechazado pero se levanta y sigue. ¿O de verdad alguien pensó que iba a dejar a su millonario y amado esposo por seguir al escritor joven, bohemio y pobre a vivir en un departamento destartalado enfrente del Moulin Rouge? La vida misma, pero no es hollywoodense, sorry!

Los papeles se dan vuelta. Al principio parece que Whit es el malo y Sam es el bueno. Pero al final, Zoe se ocupa de aclarárnoslo en el pseudo climax que tienen estos guiones. “Whit no es idiota”, le dice. Claro, ¿cómo no se va a dar cuenta? Y sin embargo, lo ayuda. Incluso le permite quedarse sólo con Zoe cuando todos los hombres se van de camping. No se siente amenazado por él, siente empatía. Whit es bueno, pero es tan inseguro como todos los tipos cuando están por casarse. Sin embargo, no se siente amenazado por Sam, sino por los problemas propios de la relación que nada tienen que ver con el chiquillo. Sam se siente el héroe, pero resulta ser el muchacho caprichoso que se enamoró de una idealización, que llega para arruinar el casamiento, no para salvarlo. Resulta entonces ser “el malo”, quiere impedir una boda por puro capricho. No lo logra, no pasa nada, como siempre en estos guiones.

Otro detalle de la progresión acumulativa es el anticlimax. Es muy fuerte en este caso. Sam ni siquiera va a la ceremonia de casamiento, sino que se vuelve a su casa con Marshall que al final le sacó las papas del fuego. El director decidió que no llegamos a ver el “sí, acepto” para que quede abierto. ¿Se casa? Sí, obviamente. En el altar, Whit le dice que está bien, porque sabe que tiene dudas y se tentó, pero no pasa nada porque la entiende. Él también se siente inseguro. Pero se aman, y se casan, y punto.

C’est la vie. Cosas que pasan. Al fin algo de realismo. Los actores son buenos, porque son capaces de darle ese giro a su personaje para invertir del bueno al malo, del débil al fuerte, del títere al titiritero. Si no fuera por esa profundidad que pueden darle, pongámosle una música chill out de fondo y es un videoclip largo en una playa. El trío de Zoe, Sam y Whit; encarnado por Uma Thurman, Michael Angarano (quizá lo recuerden de Casi Famosos) y Lee Pace funciona perfectamente, en una dinámica que siempre se da de a dos. Sólo cuando se presentan están los tres juntos, luego siempre son dos.

Por otro lado, Reece Thompson, que interpreta a Marshall y quizá lo conozcan por The Perks of Being a Wallflower, con Emma Watson; hace un buen trabajo en hacernos creer que es débil e incapaz para luego demostrarnos todo lo contrario. Jake Johnson, que le da vida a Teddy, es el único personaje que no cambia su rol en nada, porque es la negación misma. Sin embargo, algo habrá hecho bien porque es el único que vuelve a ser convocado por el director, para protagonizar New Girl junto con Zooey Deschanel.

Pues bien, yo creo que es una buena película. No es que sea sublime, pero es buena. La actuación y el guión cumplen con las expectativas, y sobre todo me encantan los personajes realistas. Pero entiendo que no todos tienen la paciencia para un tipo de guión en el que parece que nunca pasa nada. Muestra un amor más adulto y realista en vez de una locura pasional a la que Hollywood nos tiene acostumbrados. Me veo en la obligación de recomendarla, y espero ver algo más de este joven director.