Etiquetas

La muerte en el cine es inevitable. El buen melodrama termina con el bueno y amante muriendo, en las películas épicas es moneda corriente, y en las de acción es más fácil matar a alguien que arrancar las malas hierbas del jardín. Algunas muertes son muy olvidables, no le importan demasiado a nadie. Pero hay un tipo de asesinatos en el cine que nos dejan llorando en posición fetal, y es cuando un personaje se ve obligado a matar a alguien que ama. Sea su pareja, su hermano, o su hijo; estas muertes son las que más los hacen sufrir psicológicamente, los hace dudar, y genera grandes posibilidades para que los actores exploren. El miedo y la culpa suelen abrumarlos y llevarlos hasta extremos horrendos de desafío mental y emocional. ¿Son malos? ¿Son traidores? ¿O le evitan un dolor mucho peor?

downfall-2004-01

Veamos algunos ejemplos de esto. En Downfall, o La Caída, es una película que cuenta los últimos meses de Hitler en el poder. Hay una escena icónica –además de la del bunker que vimos con millones de subtítulos diferentes-, en la que Magda Goebbels, esposa del Ministro de Propaganda, Joseph Goebbels; envenena a sus seis hijos mientras duermen. En la escena ella introduce una píldora suicida en las bocas de cada uno, mueve sus mandíbulas para que las muerdan y sintiendo cómo se aflojan sus músculos, tapa sus rostros con las frazadas. Enseguida, sale en busca de su esposo, este le dispara y luego se suicida. Bien, es bastante duro poder observar cómo uno de sus hijos deja de respirar y seguir con los demás. Se supone que era algo bastante común, ya todo estaba perdido y los altos cargos eran susceptibles de ser torturados para sacarles información, pero ¿a los niños también? Otros teorizan que en realidad ni los Goebbels ni otras grandes cabezas de las SS concebían el mundo sin el Nacional Socialismo, ni para ellos ni para sus hijos.

En Shaun of the Dead, vemos el caso inverso. Esta vez no es a los hijos, sino a los propios progenitores. Los muchachos de esta comedia huyen de los zombies hace rato, hasta llegar a un bar pensando que no hay zombies allí. Gran error. Se deshacen de los dueños que ahora son zombies, pero Shaun descubre horrorizado que su madre, Bárbara, ha sido mordida. Se convertirá en zombie, y en una escena que ha perdido todo rastro de comedia, decide dispararle antes de que eso ocurra. En un principio es David, otro de los escapistas, quien propone matar a Bárbara, pero Shaun asume la responsabilidad por quitarle la vida a la persona que se la ha dado. Quizá no sea un caso tan extremo como el anterior. Los seres humanos estamos preparados para que en algún punto, los hijos vean a morir a los padres. Es el ciclo de la vida, pero que mueran en nuestras manos es algo muy distinto. Creo que es menos ambiguo que antes, ahora sí podemos asegurar que lo ha hecho para evitarle sufrimiento, pero aún así es realmente triste.

¿Y qué pasa con los hermanos? Tenemos el caso de Dexter, un asesino serial que todo lo que quería de la vida era aprender a sentir como un ser humano. No siente nada, y debe fingirlo; y al hacerlo es mejor en eso que la mayoría. Luego de siete temporadas, afortunadamente ha aprendido a amar. Decidido a empezar una nueva vida, decide huir con su novia y su hijo a Argentina. Pero antes de eso tiene que atrapar a Saxon, y en vez de matarlo se lo entrega a su hermana, Debra para que lo juzguen. Sin embargo, Saxon le dispara y entra en coma. Dexter se ve obligado a desconectar a su hermana y así acabar con su vida. Arroja su cuerpo al mar, al igual que lo había hecho con el resto de sus víctimas. Arroja su cuerpo al mar como lo ha hecho con sus otras víctimas. Es una escena emotiva donde ella tiene mucha presencia, es lo que ella desea. Le quita el dolor, y lo toma para sí mismo. Es un acto de amor, no quiere que sufra. Es su momento más humano, a pesar de que ha matado miles de veces. Es una ironía cruel.

Pues bien, ya vimos personajes asesinando a hijos, padres y hermanos. ¿Ya se imaginan lo que sigue? La pareja, esa persona que aman, que a diferencia de la familia la han elegido y aun así no tienen más opción que quitarle la vida. En From Paris With Love, James Reese descubre con horror que su prometida no es más que una espía de la célula terrorista que intenta destruir, con el detalle de que su anillo de compromiso es un rastreador satelital. Con el corazón roto, y un poco el cuerpo también, debe huir. Es la traición más profunda, la única en la que realmente confiaba, quizá aparte de su compañero, Charlie Watts (se llama como el baterista de los Rolling Stones, ¿lo habían notado?). Reese descubre más adelante que su ahora ex prometida planea un ataque kamikaze con una bomba e intenta convencerla de que no lo haga. Cuando no lo logra, en un intento desesperado por salvar a todos los que morirían en ese ataque –incluido él-, le dispara y muere en el acto. Es por un bien mayor. Una vida se pierde, cientos se salvan, un intercambio justo, por el sencillo precio de un corazón roto.

Esta es la última, la dejé para el final porque es probablemente el final de película más traumático que he visto en la vida entera. Se trata de The Mist, la adaptación de la novela La Niebla, de Stephen King. La historia se centra en un pequeño pueblo en el que una niebla aparece de la nada con criaturas monstruosas dentro de ella. Un grupo de vecinos queda encerrado dentro de un supermercado, y se trata más bien de cómo la gente puede sorprendernos, cómo puede quebrarse cuando está encerrada. En un momento dado, David Drayton logra escapar con su hijo de cinco años, Billy; y una pareja de ancianos. Tienen un arma que les ha dado el asistente del gerente, Ollie, que tenía guardada por seguridad. Conducen hasta que se les acaba el combustible y cuando una dolorosa muerte a manos de los misteriosos monstruos se vuelve inevitable, David decide que sería mejor que se quiten la vida. Pero no hay balas suficientes para todos. En un acto de amor, se ofrece a matar a los demás -incluido su hijo de cinco años- y ser él quien sufra las torturas. Sin embargo, cinco minutos después de hacerlo, los monstruos desaparecen y el mundo se ha salvado. Le queda la culpa de haber asesinado a su hijo completamente en vano, y mientras el final queda abierto, no creo que tenga más opción que suicidarse.

Hemos visto muertes horribles y traumáticas, algunas más que otras. Algunas veces es seguro que es en verdad un acto de amor, para evitarles el dolor, otros es más ambiguo ya que sirve a una causa mayor. De todos modos, no por eso es menos horrendo. Estas son las escenas que nos dejan pensando sobre la fragilidad de la vida, del amor y la traición. Son escenas memorables, que si pueden despertar todo eso en nosotros, es porque están haciendo bien su trabajo. ¿Agregarían alguna más? ¿Qué opinan de esto? ¿Creen que llegado el caso, podrían matar a alguien que aman?