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Establecimos que lo que nos provoca la emoción en las películas es la música. Pero vamos más allá. Una película de terror no provocaría ni un ápice de miedo en nadie si no fuera por la música. Incluso el sonido es capaz de provocarnos pavor aunque cerremos los ojos y no lo acompañemos con ninguna imagen. ¿Por qué sucede esto? Los realizadores eligen sonidos que despiertan una respuesta primitiva del cerebro, sencillamente no podemos evitarlo.

psicosis

Para empezar con esto primero debemos decir que el cerebro del ser humano es igual desde hace 40 mil años. El homo sapiens sapiens ha tenido la misma capacidad craneana desde entonces, y no se ha modificado. Por eso aun hoy tenemos mecanismos que fueron diseñados para la supervivencia en la naturaleza, aunque algunos parezcan un poco obsoletos hoy en día. Ciertos sonidos despiertan esos mecanismos, y los realizadores de películas de terror han sabido aprovecharse de esto.

Uno de los tipos de sonido que provoca esta respuesta es un sonido estridente y distorsionado. Esto ocurre porque se asemeja al gemido que haría un animal agonizante, y tenemos una respuesta biológica para empatizar con otros seres, según explicó Daniel Blumstein, director del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la UCLA. Quizá si en algún momento oyeron a un cerdo o a un perro antes de ser sacrificado, es algo parecido. Nuestro cerebro procesa que si hay peligro para otro animal, puede haberlo para nosotros.

Blumstein realizó un experimento sobre esto junto a un director de música de cine. Eligió una serie de 10 melodías de una duración de 10 segundos, que iba desde una muy estridente y aguda, hasta otra en la escala tonal opuesta: suave y grave. Estas melodías se las hicieron escuchar a voluntarios, concluyendo que el efecto de escuchar música con ciertas clases de distorsión es similar al de oír los sonidos que emiten los animales aterrorizados o que sufren mucho; producidos cuando sus voces se distorsionan por la salida rápida de una gran cantidad de aire a través de la laringe. Entonces no es casualidad que las películas de terror usen este tipo de banda sonora.

Pero hay otro tipo de sonido que nos provoca una respuesta primitiva, aun más intensa y que nos provoca pavor. Son los sonidos agudos, aquellos por encima de los 5 Khz. Esto sucede porque el cerebro empareja el sonido agudo con el llanto de un bebé. Quizá hayan notado que el llanto de un bebé es muy difícil de ignorar, aun cuando el que llore esté en la otra punta del restaurante. Científicos de la Universidad de Oxford encontraron que una zona primitiva de nuestros cerebros nos provoca responder inmediatamente al sonido, aunque no seamos los padres del bebé. La respuesta instantánea es proteger a la especie.

Katie Young y Christine Parsons hicieron escuchar a 28 voluntarios, que no han tenido hijos ni experiencia alguna cuidando bebés, tres sonidos: el llanto de bebés, de adultos y de animales en angustia, como hemos visto más arriba. Se encontró que la reacción del cerebro ante el primer caso es de sólo 100 milisegundos, mucho más rápida y más intensa que en el caso de los sonidos distorsionados producidos por los animales.

Se trata de una respuesta primitiva que está destinada a mantenernos vivos junto con nuestras crías en situaciones de peligro o combate. En una segunda parte del estudio, Young y Parsons comprobaron que el rendimiento, la habilidad y la puntería mejoraban luego de la alerta del sonido agudo. Este sonido funciona como una alarma que bombea sangre a las extremidades para prepararlas para lo que se conoce como el comportamiento de lucha o huída.

Eso lo saben los directores, y se aprovechan de aquello. Psicosis no hubiera sido lo mismo sin ese horrendo sonido agudo que acompaña cada cuchillada en la ducha, y probablemente para muchos es lo único que logren recordar de la película. Pero no sólo en la música encontramos esto, sino que como efecto de sonido puede suplirlo un teléfono, o los pasos acercándose.

Aunque sepamos que es sólo una película, una mentirita, nos da miedo. Nuestra parte racional sabe que lo es, pero nuestro instinto profundo nos dirá que luchemos o huyamos. Y es justamente por eso que nos sentimos tensos y le clavamos las uñas a nuestras butacas. Por suerte, no pasa de la pantalla y podemos volver a dejar ganar a nuestra parte racional mientras terminamos con un aplauso.