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El Mundo de Sofía es un best seller del noruego Jostein Gaarder, quien con el pretexto de una novela acaba haciendo una guía de la filosofía occidental. Aunque ya tiene sus buenos años, por haberse publicado en 1991, no ha dejado de ser una obra imprescindible.

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No se trata de un libro de texto, sino de una novela con ciertos elementos educativos. Pero lo que lo diferencia del libro de texto disfrazado de cuento, es que aquí obliga al lector a razonar. Al principio puede no darse cuenta de ello, siguiendo los pasos de Sofía, una niña de 14 años que empieza a recibir clases de filosofía por correspondencia.

Empieza con preguntas disparadoras como “¿De dónde viene el mundo?” o ¿Por qué llueve?”. De este modo se avanza hacia las causas primeras de las cosas, el origen del mundo; ya que según palabras del profesor de nuestra historia, Alberto, al fin y al cabo algo tuvo que surgir en algún momento de donde antes no había nada.

De este modo Alberto le cuenta a Sofía las diferentes posturas, abarcando el surgimiento de las ciencias, el papel que juega la religión para la historia de la filosofía, el empirismo y el racionalismo; y más aún con ejemplos claros y cotidianos. Pero estos no son necesariamente infantiles, sino simplemente coloquiales. Además, Sofía se atreve a preguntarle en voz alta todo aquello que nosotros podríamos estar pensando, cosas como “si ayer dijiste lo contrario, y hoy otro autor dice esto, ¿cómo es la historia?”

Hasta aquí todo normal, ¿verdad? En un momento, Alberto le menciona a Sofía la historia de Hilde, una joven de más o menos su edad cuyo padre había marchado a la guerra. Este le da a su hija un curso de filosofía similar en cartas que le envía y ella guarda con cuidado en una carpeta. Lo extraño comienza cuando Hilde lee en sus cartas sobre Sofía. No algo anecdótico, sino exactamente cómo es, cómo se mueve, qué lleva puesto, las palabras exactas que salen de su boca.

A su vez, Sofía y Alberto encuentran diferentes mensajes del padre de Hilde en el mundo, cada vez más descabellados, como que un perro les cante un mensaje. En un momento dado se enteran de que la carpeta que ella guardaba con sus cartas se titula exactamente El Mundo de Sofía, y cuenta todo lo que ellos hacen, entonces ¿qué es lo real? ¿Cuál es la historia y cuál es la realidad? Mientras los personajes se asustan y no comprenden, comienzan a aplicar las teorías sobre el empirismo y el racionalismo, la verdad y la sospecha que han ido aprendiendo en el curso.

Sin darse cuenta, el lector está aplicando los conceptos aprendidos. El autor lo ha obligado a pensar, y mucho de hecho. En mi caso, aun no encuentro una respuesta convincente sobre qué sucedía en verdad en el libro, aunque a lo largo de los años cada vez que lo leí encontré una distinta. Esa es, creo yo, la lección. En la filosofía no hay respuestas concluyentes, sino simples ensayos.

Además, es una gran respuesta a esas preguntas que uno se hace por curiosidad cuando es un niño, y luego se las va olvidando aunque no tenga respuesta. No es tan descabellado preguntarse de dónde vienen las cosas, o el por qué de las religiones, y cómo podemos saber si Dios existe o no. En este caso podría decirse que es todo lo que usted siempre se preguntó sobre física, ciencia y religión y nunca se animó a preguntar.

A pesar de que su fachada de ladrillo en el tomo grueso que es puede resultar intimidante, en especial si no se está acostumbrado a la lectura; resulta muy ameno. Es uno de esos indispensables que nos dejan diferentes enseñanzas a cada edad que volvamos a leerlo.

Por otro lado, cabe mencionar que la novela fue llevada al cine en 1999, en una película de mismo nombre que fue dirigida por  Erik Gustavson, también noruego. Sin embargo, la película no ha logrado cosechar el inmenso éxito que tuvo el libro.